10 de julio de 2013

Encierro

02:22 a.m


Largas noches de insomnio
¿cuántos días van? Ya perdí la cuenta.
Un auto pasa, siento como si despegara un cohete a mi lado
(10, 9, 8, 7, 6...)
Los sentidos alterados ya, sin razón alguna. La adaptación de mi organismo a la cafeína ya está controlada.
Una taza llena, la espuma es tan espesa:
marrón, blanca,
la cuchara revolviendo suena como si chocaran tazas, como si sonara el campanario de una iglesia.
Y mi mano,
como si esa cuchara fuera un remero y estuviera empujando, para llegar quién sabe a donde
pero con fuerza.

Ya no se ni lo que pienso
este encierro me está transformando la cabeza.

Es fácil de entender y explicar: no soy de las personas que se sienten cómodas aisladas, reclutadas en 4 paredes. Obviamente, entiendo que la salud es un tema importante y que podría agravarse de no ser así, pero ya no sé qué pensar al respecto.
¿Y si es la enfermedad la que me da insomnio? (Creía que era al revés, pero no)
Una enfermedad causando otra.
Un tercer elemento: la paranoia.
Los latidos de mi corazón ahora son tambores, a menudo no me dejan escuchar mis propios pensamientos.

Y los ruidos del exterior penetran mis oídos como cucarachas asquerosas, contaminándome sonoramente el triple de fuerte de lo que en verdad se oyen, resonando, haciendo eco en mi mente.
Mi realidad interior está cambiando. Tengo que bajar al mundo. O bajar al mundo hacia mí.
Abrir las ventanas: oxígeno limpio. La putrefacción de mi cuarto me está sofocando y asfixiando cada vez más y más (eso explica mis sueños). Me estoy encerrando en mi misma.

Claramente esto es una exageración, mis palabras son líneas mezcladas que encuentro en el café que estoy tomando en este momento.

03:05 a.m

Explosión cerebral


Nadando en una pileta llena de mar...
Es algo complicado de explicar. Mentalmente se imagina con una baranda, un borde de cemento, agua cristalina y calma; a esto se sumaría el hecho de que está llena de agua de mar.
Pero no.
En cambio, estaba allí dentro, no había ninguna baranda, ningún borde de cemento. El agua era turbia y salada. Había fuertes olas rompiendo contra mi, haciendo remolinos, empujándome, golpeándome y ahogándome.
Pero no era el mar en sí, me sentía segura, sentía que había un límite.
Intentaba salir para respirar aire; mis pulmones gritaban desesperados, sentía como se retorcían sin oxígeno, como si se volvieran cada vez más pequeños. Podía verme por fuera, saliendo de las olas, con la mirada perdida por no poder ver ni el comienzo ni el fin de esa pileta... pero lo sentía.
Mis intuiciones me acompañaron esta vez, pero en vano; era algo imposible de explicar. Y mi mente estaba en otro plano.
Exhausta por luchar en vano, me deje llevar por la corriente. Respiré profundo, llené mis pulmones de esa agua salada, mezclada con granos de arena, batida por el choque; impregné mis pulmones con humedad. Ya no importaba nada. Comencé a respirar cada vez más y más, el momento se volvía exasperantemente difícil. Luego, la costumbre. 
Las aguas calmaron.
Salí a la superficie, llegué a un borde, pero no era un borde; era algo más, la pileta continuaba pero me paré en mi lugar (ni siquiera caminaba sobre el agua). Ya no formaba parte de ese caos, ya volvía a ser yo, sin nada más, única.
El aire fresco era aterrador, ahora me sentía ahogada en aire. Desesperación.
Corrí para vivir, me encontraba sofocada, abrumada por tanta realidad de repente. Encontré mi bolso, podía ver mis manos mojadas, empapadas de algo que no sabía que era (no era agua, esas moléculas habían sido alteradas por algo más y ya no eran dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. No).
Revuelvo: encuentro un paquete de cigarrillos. 
Tomo uno con mi mano húmeda; misteriosamente, el cigarro quedó intacto, seco como el clima de un desierto. Lo prendo, respiro... Ah, la satisfacción. Saciar la necesidad básica de respirar algo, para sentirme viva nuevamente. El agua de mi pileta, ahora compactada en humo.
Uno, dos, tres. Agrandar los pulmones para que ese aire gris, con su característico aroma, entrara en mi ser; podía sentir el recorrido como si fuera un viaje por mi interior.
No se cuantos cigarros fumé en ese momento, pero no podía parar. Estaba atosigada, cansada ya de tanto sinsentido. ¿Qué me estaba sucediendo?


Despertar fue un colapso, no hay peor cosa que sentir que tu aire no es tuyo
como si estuvieras en otra atmósfera, 
como si no hubiera oxígeno en realidad
como si miles de hombrecitos te taladraran los pulmones con máquinas y hachas
me destrozaban por dentro.
Las ganas de fumar tuvieron su efecto correlativo:
dolor de cabeza.

2 de julio de 2013

Relajando


En ese momento...
miradas largas, distorsionadas y fijas
silencios de horas que duran un minuto
o tal vez menos.
¿Quién diría que nos encontraríamos al final?


30 de mayo de 2013

=



No hay escapatoria. No se puede ser un vagabundo y un artista y aún así ser un buen ciudadano, un hombre sano, honrado. Tú quieres emborracharte, así que debes aceptar la resaca. Si dices que sí a la luz del sol y a tu pura fantasía, tienes que decir sí a la inmundicia y la náusea. Todo está dentro de ti, el oro y el barro, la felicidad y el dolor, la risa de la infancia y la aprehensión de la muerte. Di que sí a todo, no eludas nada. No trates de mentirte a ti mismo. Tú no eres un buen ciudadano. No eres un griego. No eres armonioso, o el dueño de ti mismo. Tú eres un pájaro en la tormenta. Deja que la tormenta te lleve! ¡Cuánto has mentido!

21 de mayo de 2013

Chau



Estamos sujetos a realidades diferentes en donde los hilos imaginarios controladores me trasladan con las manos
y a vos con los pies.
De cabeza miro las cosas.
Como una tormenta llena de anhelos y deseos de estrellas fugaces, así me siento; como una mezcla de palabras que no comprendo (batiburrillo, caos, yuxtaposión); como cuando te tiras por un tobogán y se te revuelve el estómago.

Se torna difícil el entendimiento a veces, huir ahora parece una buena idea.
Escapar a los problemas siempre fue más fácil que hacer burbujas.
La mente abstracta abarca más.

Hola.





16 de mayo de 2013

Pleamar



Nada ansío de nada,
mientras dura el instante de eternidad que es todo,
cuando no quiero nada.

1 de mayo de 2013

Nading de nada



En realidad me aburro, y pierdo las palabras; la mente se distorsiona, se nubla todo, sino me espresso. Creo que necesito otro café.

15 de abril de 2013

Arrancamiento mental



Me arrancas las palabras.
Lo haces despreocupado, sin darte cuenta en realidad, se puede notar en tus ojos. Es una sensación extraña, no se si la había experimentado alguna vez.
Tratar de callar para no revelarme, el ocultismo mágico-determinado, de todas esas incoherencias y controversias y dicotomías que me presentas en mi.
Son vos o vos-ellas. Es una constante revuelta.
No puedo explicarme aún como me siento, porque no logro identificar esa sensación: es nueva, es fresca, es espontánea. (Supongo que ese último adjetivo es el que más me molesta, porque me toma desprevenida y no me gustan las sorpresas).
Y esa espontaneidad es la que me revela, la que me arranca las palabras y el tacto, recorriendo los sinfines de tu cuerpo/mente.
Ideas, pensamientos... es que aún no se lo que quiero, o sí lo sé pero no quiero aceptar la idea de que, tal vez, esto es demasiado nuevo para poder controlarlo.
Atrás suena 'She's lost control'... lo estoy perdiendo, vos lo estás tomando.
La confusión de la mezcla me carcome la cabeza, se está retroalimentando de esas ideas sin principio ni fin, como puntos en el espacio infinito. Ideas que surgen y resurgen, y re-resurgen hasta el cansancio. 
Y ya no puedo pensar en nada más.